jueves, 11 de septiembre de 2014

¿Qué?: el punto de partida para iniciar cualquier proyecto

Las palabras denotan porque significan, pero connotan porque se contaminan.
Álex Grijelmo

Las ideas llegan en danza desordenada. Al principio son sensaciones, impulsos, intereses, estímulos intermitentes que interrumpen nuestra rutina. A veces son tan insistentes, tan prematuramente prometedoras, que nos obligan a tomar el lápiz y el papel para plasmarlas, darles cuerpo. La gran mayoría pasa al mundo terrenal solo como forma, como símbolos tipográficos perdidos; a veces solo indescifrables con el paso del tiempo. Pero quedan otras, aquéllas que aún escritas siguen rondando en nuestra cabeza, retándonos, exigiéndonos definirlas.

¿Qué?: el punto de partida para iniciar cualquier proyecto. Definir con claridad, y sobre todo con honestidad, lo que queremos o nos proponemos hacer, nos permite vislumbrar con exactitud un gran número de aspectos (positivos o no) necesarios para conocer, ahondar, desarrollar o desechar cualquier idea inicial. Ya sea que actuemos como autor, editor o coordinador, debemos obligatoriamente responder esta pregunta, tantas veces como sea necesario.

¿Qué voy a escribir?, ¿Qué se ha escrito?, ¿Qué falta por decir?; ¿Qué voy a publicar?, ¿Qué puedo aportar con mi trabajo?, ¿Qué quiere leer la gente?, ¿Qué se necesita para poder desarrollar esta idea? Responder estas preguntas nos ayudarán a planificar y controlar mejor cada uno de los procesos que se siguen a la hora de escribir, publicar o coordinar; y  justifican el esfuerzo de los involucrados, el tiempo de producción, la inversión... y llena de una profunda satisfacción a sus autores, responsables, y al público a quien va dirigido.

Cuando se asume un proyecto editorial debemos estar conscientes que nos encontramos ante una tarea compleja, precisamente porque partimos de algo inexistente, de esa idea (propia o ajena) que entusiasma, que ronda nuestra mente, que llega a nosotros esbozada en un papel, en una palabra, pero que solo adquiere forma en la medida en que podamos definirla.




lunes, 25 de agosto de 2014

El arte y disfrute de editar

Creo que no hay nada más placentero para los que nos dedicamos a hacer publicaciones que hojear las páginas de los libros para descubrir, más allá de sus contenidos, aquéllos íntimos detalles que nos hablan de la idea, el sueño, el esmero, la disciplina, las posibilidades y el arte de comunicar.

Cuando un libro reclama mi atención desde un anaquel o una mesa desordenada, tengo una rutina para examinarlo rápidamente: detallo la portada y algunas de sus páginas para descubrir los logros del diseñador; leo el índice para enterarme de las intenciones del editor; reviso y comparo algunos textos internos "clave" para medir la calidad del trabajo; y, finalmente, con una desesperada curiosidad, busco los créditos para detectar a los responsables "inocentes" y "culpables".

Llevo más de veinte años trabajando con libros. Libros viejos, nuevos, inéditos, en serie, ajenos, propios, buenos, malos, farsantes, solitarios e ignorados. Cada libro es un mundo, un diario de personalidades involucradas y de situaciones a veces configuradas, otras inesperadas.

Asumir un proyecto editorial, al igual que cualquier otro proyecto de vida, implica el poder dar respuesta a las ya conocidas interrogantes: qué, cómo, cuándo, cuánto, quién y para quién vamos a editar; para valorar realmente la factibilidad del proyecto. Aunque parezcan unas sencillas preguntas, el poder resolver sus respuestas no es un trabajo fácil.

En este espacio compartiré mis experiencias, para tratar de reflexionar sobre estos seis factores y entablar diálogos que nos permitan compartir, aprender y disfrutar del arte de editar.