lunes, 25 de agosto de 2014

El arte y disfrute de editar

Creo que no hay nada más placentero para los que nos dedicamos a hacer publicaciones que hojear las páginas de los libros para descubrir, más allá de sus contenidos, aquéllos íntimos detalles que nos hablan de la idea, el sueño, el esmero, la disciplina, las posibilidades y el arte de comunicar.

Cuando un libro reclama mi atención desde un anaquel o una mesa desordenada, tengo una rutina para examinarlo rápidamente: detallo la portada y algunas de sus páginas para descubrir los logros del diseñador; leo el índice para enterarme de las intenciones del editor; reviso y comparo algunos textos internos "clave" para medir la calidad del trabajo; y, finalmente, con una desesperada curiosidad, busco los créditos para detectar a los responsables "inocentes" y "culpables".

Llevo más de veinte años trabajando con libros. Libros viejos, nuevos, inéditos, en serie, ajenos, propios, buenos, malos, farsantes, solitarios e ignorados. Cada libro es un mundo, un diario de personalidades involucradas y de situaciones a veces configuradas, otras inesperadas.

Asumir un proyecto editorial, al igual que cualquier otro proyecto de vida, implica el poder dar respuesta a las ya conocidas interrogantes: qué, cómo, cuándo, cuánto, quién y para quién vamos a editar; para valorar realmente la factibilidad del proyecto. Aunque parezcan unas sencillas preguntas, el poder resolver sus respuestas no es un trabajo fácil.

En este espacio compartiré mis experiencias, para tratar de reflexionar sobre estos seis factores y entablar diálogos que nos permitan compartir, aprender y disfrutar del arte de editar.




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